Eugenia y el Árbol con muletas

Al frente de El Jordán, la reciente restaurada casa patrimonial de Robledo, se encuentra un inmenso árbol, es un piñón de oreja, y cuentan sus vecinos que tiene más años que la misma casa fundada en 1891. El árbol posee una estructura metálica: un anillo en la parte media rodea su tronco del cual se desprenden dos inmensas bases que semejan unas muletas. Hace poco tiempo este árbol estuvo a punto de ser talado para evitar su posible colapso sobre las viviendas aledañas, pero se salvó, tal vez no por sus muletas, sino por una mujer que decidió cuidarlo, abrazarlo, abonar su suelo, adornar con flores su base y sobre todo quererlo, literalmente, como si se tratara de un hijo: ella es doña Eugenia Pérez Zapata.

 

¿Doña Eugenia usted porqué decidió cuidar al árbol?

Como le conté el motivo fue pues como disipar mi alma, mi pena ahí, como por calmar una tristeza. Hacía poco que mi hijo, Luis Enrique (un joven de 17 de años), se me había matado en una bicicleta.

 

 

¿Qué fue lo que le pasó a su hijo?

Iba por allá a hacerle una vuelta a la hermana, y se pegó de un bus y se le desinfló la llanta a la bicicleta. Fue al frente de la Cuarta Brigada, ahí a todo el frente donde viven los policías. Se le desinfló una llanta y ahí en la carretera había un huequito y se fue. Él se calló y se dio en una valla de esas y ahí mismo se reventó la cabeza. Como dicen, la valla fue la culpable porque donde el caiga al piso no hubiera sido tan grave, pero el se dio en la valla. Esa fue la única manera  de que quitaran ese montón de vallas que habían ahí porque eran como doce, las quitaron todas.

 

A mi me llamaron, nosotros bajamos en un taxi y había hasta mucho taco. Nosotros bajamos en un cuarto de hora porque eso es muy cerquita. Hasta uno a pie baja. Yo he ido a pie. Al momentico que llegamos yo vi que él “boquió”. Entonces yo dije: ya murió. Al momentico que nosotros llegamos llegó la ambulancia y yo les dije a ellos: ¡Hay no! ¡Él ya se murió! Entonces ahí mismo cogieron una careta de esas y se la pusieron y me dijeron: “no, no no se ha muerto”. Y ahí mismo lo alzaron, lo llevaron al Pablo Tobón y allá nos fuimos con él. Allá lo tuvieron toda la tarde, eso sería con vida artificial, digo yo, porque es que para mi murió en el momento en que yo le digo. Y a las seis pasaditas dijeron que ya, que ya no tenía vida.

 

¿Cuándo ocurrió el accidente?

En el 2008. Eso fue en noviembre, el cuatro de noviembre. A los pocos años de que nosotros nos viniéramos a vivir acá a Medellín. A mi lo que nunca se me olvida es que venimos a vivir aquí un 19 de septiembre. Lo que no recuerdo bien es el año. Fue hace como 13 o 14 años, no recuerdo bien, pero yo tengo anotada la fecha en mi casa en un papelito para que nunca se me olvide, ahorita voy por el.

 

¿Y como empezaron a recuperar el árbol?

A los diítas del accidente de mi hijo vieron por ahí no se quien de los que cuidan esos árboles y le dijeron a Adriana (su hija mayor) que adoptara el árbol y como eso era un basurero entonces le dijeron que si ella se encargaba de cuidarlo y entonces ella me dijo a mi. Yo le dije: “démelo a mi que yo me encargo de sembrarle jardín”.

 

Eso fue como en diciembre que le votamos toda la basura y yo ya empecé. Eso era un basurero inmenso. De aquí se sacaron como 24 bultos de pura basura: llantas, vidrios, palos y piedras.

 

Entonces yo fui ahí ayudando a sacar todo eso y hicimos un convite un sábado y sacamos todo. Ahí yo empecé a sembrarle jardín. En ese tiempo era sanita y ese jardín creció la cosa más hermosa. Yo a veces hasta le cargo tierra de por allí que una señora me regala. Traigo un costalado y le hecho, de la finca de las hijas mías le traigo puñitos de abono. Ese palo palo vive más abonado porque yo le hecho abono químico a todas esas maticas y mucho abonito como para jardín.

 

 

¿Cuándo le pusieron el arco al árbol?

Cuando le pusieron ese arco estaba haciendo mucho verano y eso se volvió nada y yo era como con esa tristeza de que por tanto pisotear para arriba y para abajo no quedó nada. Y yo dije: ¡Yo sigo sembrando! Mucha gente me dijo no, no se siga matando. Pero yo decía, si este jardín yo se lo dediqué fue a mi hijo.

 

Como le cuento, yo por ese tiempo ahí venía y me disipaba y me entretenía. A ratos lloraba, a ratos cavaba y ahí iba haciendo. Yo era sembrando ese jardín y le decía: “esta matica te las siembro a ti”, pues como en nombre de él. Y yo le sembraba y cada vez que venía y le sembraba una matica se la dedicaba a él.

 

Yo siempre cuando estoy algo aburrida vengo a hacerle algo. Y hay tiempos en los que se me pone muy hermoso. Ahora está otra vez volviendo porque muchas maticas se me han perdido. Pero siempre brego a que esté como bonito. Pero con ese amor pues, no más con ese amor.

 

¿Ha sido difícil cuidar del árbol y de su jardón?

En los diciembres al principio esos muchachos me lo dañaban mucho con la pólvora, y ahí habían muchos muchachos que eran amigos del hijo mío. Entonces yo un día fui allá y le dije a uno de ellos: “por favor, no me dañen el jardín. Yo les voy a contar, sepa y entienda que ese jardín es de Enrique”, le decía yo a él, al amigo. “Hombre ¿cómo? usted porqué me dice eso”. Sí, lo que ustedes están dañando ahí son planticas de él que yo se las sembré. “¡Hay yo no sabía!”. Entonces ellos empezaron a poner más cuidado. No tiraban pólvora allá ni pisoteaban tanto.

 

Mucho tiempo tuve unas matas aquí muy hermosas pero se me las robaron con tierra y todo. Y yo sin embargo vivo clavando palitos ahí y con ganas pues de poderle poner pues como un cercado a eso pero eso cuesta plata, entonces yo le puse esas llanticas, tablitas y cosas por ahí para que la tierra no se vaya mucho cuando llueve o la pisan y todo eso.

 

¿El árbol tiene como estaciones?

Sí. El tiene una época que se pone como seco, pero lo que hace que se mantiene tan abonado dura muy poquitico y no se le caen del todo las hojas. No ve como ya está de bonito. Hace un mes estaba como medio negrito, llovió y ya se entalegó. Pero yo digo, es que eso le ha tenido que servir mucho el abono, porque yo le he cargado mucho abono a ese terreno. Yo le echaba urea, en el tiempo de ese y también con baños que le echo al jardincito.

 

 

¿Cómo se vería este barrio si este árbol?

Se vería rarísimo. Yo digo pues eso sería una tristeza. Yo a veces me pongo a pensar: donde a ese árbol lo tumben a mi se me acaba el jardín porque yo que le voy a seguir sembrando jardín a esa raíz del palo. Esto sin ese árbol se vería horrible y la soledad. Ese árbol es como la compañía de todo este barrio.

 

¿Hasta cuando va a seguir cuidando el árbol?

Pues hasta cuando yo tenga alientos. Yo no pienso dejar de cultivarlo, hasta lo último que sea capaz siembro. Me ha servido para disiparme mucho. Y el amor, me ha servido pues mucho con el amor que lo cuido y lo siembro, siempre siembro no más que invocándolo a él. Ya van ocho años en mi batalla.

 

¿Ha sembrado semillas del árbol? ¿Le tiene hijitos)

Yo hasta unas semillitas tengo en la casa. Pero no se si retoñarán o no. Las tengo así sin sembrar, porque es que la casa mía no tiene como muchos sitios donde sembrar, que tenga espacios donde le entre el sol. Como mucha capacidad no. Yo tengo un poquito de semillas.

 

¿Qué tal si me regala una?

Yo si se la doy. Yo tengo las semillitas en mi casa, si quiere me espera y se las traigo.

 

Más valioso que El Jordán

Mientras doña Eugenia fue a su casa a buscar las semillas que tenía guardadas del Piñon de Oreja, llegó a la Salsamentaria El Búser, donde me encontraba, Mauricio Quiceno. El es una de las personas que más conocen a su barrio Robledo y al preguntarle por el árbol, me dijo con gran claridad: “Yo llevo 45 años viviendo en esta casa y ese árbol es lo más hermoso que hay por aquí. Me parece más importante el árbol que El Jordán”. “Para mi es un pulmón. Mirá que aquí llegan los buses, paran y arrancan y ¿quién es el que absorbe toda esa contaminación?: el arbolito. Pero lo gente no lo ve así. El Jordán es muy importante pero la verdad me parece más importante el árbol”.

 

 

Fin e inicio

No sabemos cuanto tiempo más vaya a vivir el árbol, seguramente con el cuidado de doña Eugenia muchos años más, tal vez, enterrará otras generaciones como también lo afirmaba Mauricio Quiceno. Doña Eugenia volvió de su casa con algunas semillas envueltas en papel aluminio y me dijo: “lléveselas y siémbrelas, tal vez a usted si le pegan”. Por supuesto me puse muy feliz cuando me estiró su mano y me las ofreció. Era genial la idea de tener un descendiente directo del gran Piñon de Oreja de Robledo. Pienso que lograr germinar sus semillas y buscarle un espacio amplio y una persona, que como doña Eugenia también lo quiera como a un hijo y lo cuide, es la mejor manera de que este majestuoso árbol siga vivo, pero también es la forma para que nosotros nos disipemos, para que también nos sanemos, de los dolores del alma que nos puede dejar la vida a veces, pero sobre todo para aprender a amar a los árboles como a nuestros seres más queridos, como podríamos amar a un hijo, eso es un paso inmenso en cualquier ser humano.

 

Post: tengo cinco semillas que pondré a germinar, si quieres cuidar de uno de los descendientes del Gran Piñon de Robledo, escríbeme. Yo sueño un día poderlos ver igual de grandes y majestuosos como nuestro amigo que hoy tiene muletas.

 

Comunicador social-periodista
Docente universitario
Persigo la utopía porque me hace caminar
Compartir: