HACIA UN GOBIERNO DE TRANSICIÓN

 

Después de la primera vuelta electoral, que dejó como candidatos a la presidencia a Iván Duque y a Gustavo Petro, el primero candidato de derecha y el otro candidato de izquierda, quiero plantearles algunas tesis sobre la coyuntura política en Colombia.

 

  1. El centro político, representado en estas votaciones por Sergio Fajardo, de la Coalición Colombia, y los electores de Humberto de la Calle, tiene en sus manos definir el próximo presidente de la República 2018-22, porque equivalen al 25% del total de los votos y con ellos cualquiera de los candidatos en contienda ganaría las elecciones. Es cierto que los electores son libres de votar por cualquiera de los dos candidatos en la segunda vuelta, porque se trata de votos de opinión, pero también es cierto que la capacidad de influencia de los líderes es muy grande, justamente porque son confiables para los electores.

 

  1. El principal interés de Colombia hoy es construir la paz para superar un escollo que tiene la nación dificultando enormemente todo su desarrollo. Con la guerra estamos condenados al tormento de Sísifo. La puerta de entrada a la paz es implementar el Acuerdo Final de paz y cimentar la reconciliación entre los colombianos. Si no lo logramos como país estaremos por años en una situación de exasperación de los ánimos, de polarización, de altísimo riesgo de que los más de diez mil excombatientes de las Farc se degraden otra vez y sean cooptados por los narcotraficantes y bandas criminales o regresen a la guerra de la mano de el ELN o de algunos de sus líderes desmovilizados.

 

  1. La implementación del Acuerdo de Paz es un asunto del corto, mediano y largo plazo. Es un asunto esencial de la agenda del próximo gobierno desde su posesión. El hecho de la disminución de las muertos militares y civiles, de todos los tipos de atentados, de haber tenido las elecciones más pacíficas en varias décadas no puede permitir que olvidemos que el Acuerdo Final no se está implementando como se acordó; y eso es muy grave. La implementación del Acuerdo Final no puede ni paralizarse, ni burlarse, ni pretender escamotearse porque es un compromiso de Estado, está incorporado a la Constitución, hay millones de personas en el país y en el exterior pendientes de su desarrollo exitoso. La paz no es un asunto del corto plazo, pero la implementación del acuerdo final sí lo es, de lo contrario no la tendríamos ni en el mediano ni en el largo plazo o por lo menos se alejará más en el tiempo y, como un lastre, seguirá paralizando nuestro desarrollo humano.

 

  1. Es evidente que Iván Duque buscará por todos los medios escamotear el Acuerdo de Paz. Ya ha expresado en todos los tonos que redefinirá la Justicia Especial de Paz -JEP- y que es el único cambio que le hará al acuerdo. Pero también ha hablado en todos los tonos contra la posibilidad de una Reforma Rural Integral (parte del acuerdo), contra la política de erradicación voluntaria y sustitución de cultivos y contra algunas expresiones de la voluntad popular como las consultas populares, para decidir sobre el ordenamiento territorial local. Es decir, hará trizas el Acuerdo Final.

 

  1. La Coalición Colombia hizo la promesa programática fundamental a sus electores de respetar e implementar el Acuerdo de Paz. Y lo hizo porque sabía que era un tema muy sensible para la nación y que esa implementación crea el contexto para aplicar todos los demás puntos de su programa: avanzar hacia la reconciliación, acabar con la corrupción, fundamentar el desarrollo en la educación, la ciencia, la innovación y el cambio cultural.

La Coalición Colombia sabe que, como resultado del proceso electoral en curso, puede lograr que esa promesa electoral se cumpla. La significación de esa promesa es tal que los candidatos partidarios de avanzar hacia la paz contribuyeron a generar un cambio en la correlación política de fuerzas y convirtieron en mayoritaria la opinión que apoya la paz.  La opinión pública colombiana que se expresó mayoritariamente por la paz en estas elecciones no debería ser defraudada cuando es factible que sus aspiraciones se concreten.

 

  1. En los sistemas electorales de dos vueltas hay dos actitudes de los candidatos perdedores: o declinan y dejan en libertad a sus electores o buscan un acuerdo que les permita avanzar en el cumplimiento de su programa político y, si desean y es factible, un acuerdo programático y gubernamental. Implementar el Acuerdo de Paz es una razón lo suficientemente poderosa para que la Coalición Colombia busque realizar un acuerdo electoral, programático y de gobierno con el candidato Gustavo Petro. Y ese acuerdo es indispensable.

 

Se trataría de organizar una Coalición de Centro Izquierda para preparar un gobierno de transición entre la situación actual de conflicto armado y un futuro de paz. Colombia no tiene mucha experiencia en este tipo de coaliciones políticas y las subestima, pero no hay que olvidar que la estabilidad y la paz del mundo moderno se explica en buena medida por un acuerdo realizado en 1971/72 entre los gobiernos de Estados Unidos y China, que eran enemigos irreconciliables. Pero en las democracias maduras la formación de coaliciones es un asunto propio de todo nuevo gobierno de minoría. Como ahora tenemos un sistema multipartidista las coaliciones políticas se volverán comunes.

 

Se requeriría un acuerdo electoral entre la Coalición Colombia y la Colombia Humana para garantizar que las dos fuerzas se comprometan con la campaña misma para ganarla, un acuerdo programático para que el programa que surja sea un programa nuevo, síntesis de los dos programas, y se necesitaría un acuerdo de gobierno para que la Coalición Colombia pueda incidir eficazmente, sobre el estilo de gobierno, sobre sus decisiones y le proporcione equipo de gobierno a la Colombia Humana. Una coalición como esta podría  generar confianza en el electorado en la campaña y en los gobernados cuando ganen.

Hic Rodus, hic salta.    

 

 

Investigador Social en temas tales como Economía Social y Laboral, Economía Regional, Minería, Director de la Corporación Conciudadanía. Experto en Construcción de Paz. Autor del libro: “De señores de la tierra a señores de las minas”.
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