Integración territorial

Colombia, uno de los países más desiguales del planeta, el único del hemisferio que aún mantiene un conflicto armado, se enfrenta al reto de integrar su territorio y la familia nacional. La construcción de la paz sostenible y duradera, la paz territorial, depende en buena medida de la capacidad que tengamos de integrar a los territorios rurales, lejanos, económicamente pobres y ambientalmente ricos, a las dinámicas de más o menos bienestar que se han consolidado en los centros urbanos – metropolitanos.

A nivel metropolitano, enfrentamos el reto de integrar los territorios de las periferias urbanas, repletos de desplazados y víctimas provenientes de los territorios rurales afectados por el conflicto armado; integrar a barrios y comunas pobres al bienestar que viven los habitantes educados, propietarios, con empleos formales de los demás barrios y comunas.

Para superar estas desigualdades, necesitamos integrar los territorios rurales, pobres y afectados por el conflicto armado, con los territorios hoy llamados competitivos por su dotación de infraestructuras colectivas; por la concentración de las actividades económicas; por la concentración de la población con la mayor calidad de vida, o lo que es igual concentración del capital humano; y la concentración y centralización de las instituciones y el presupuesto del Estado. Lazos largos se requieren para integrar a unos con otros y superar sus desigualdades.
Está demostrado hasta la saciedad que los municipios pequeños en población, pobres en términos de índices de calidad de vida, dependientes de los recursos de la nación, afectados por el conflicto armado, rurales, dispersos, con amplia riqueza natural; no están en capacidad de construir bienestar por si solos y por ello requieren de la solidaridad nacional en cabeza de las instituciones del Estado y de las contribuciones de los colombianos. Integrarlos requiere una de las siguientes estrategias: que los urbanos asumamos los costos económicos y políticos que implica esta integración, colaborando en los proyectos que los locales desde su autonomía decidan emprender; que los municipios pobres sean asociados con municipios y ciudades con mejores condiciones en esquemas de asociación donde se generen ayudas mutuas y se compensen servicios, cargas y beneficios; darles total autonomía territorial para que aprovechen su riqueza natural a favor de resolver sus necesidades y sus aspiraciones.

Para construir la paz territorial enfrentamos el reto de integrar los desiguales; si la paz territorial no asume la superación de la inequidad territorial como su principal reto, no acertará. Reto realmente difícil para el gobierno y los sectores de la sociedad que estamos de acuerdo con la paz territorial. Si a alguna gente le va a costar el SÍ en el plebiscito de la paz con las Farc, mucho más les va a molestar los costos de la paz territorial, los impuestos al patrimonio, la renta y el consumo que serán necesarios para costear el postconflicto. Ofenderá a los grandes propietarios la superación de las desigualdades y mandarán a amenazar los que se creen dueños de las tierras despojadas y los recursos minerales. En cualquier caso, la mayoría de los colombianos que enfrentamos con responsabilidad el reto de construir la paz por medio de una sociedad igualitaria e integrada, deberemos dar este debate realista.

Master en Ordenación y Gestión del Desarrollo de la Universidad de Sevilla. Columnista de Inforiente, participante de Conciudadanía.
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