La Paz es Bio-Diversidad

El 9 de diciembre de 1990 cuando se instala la Asamblea Nacional Constituyente, el Presidente César Gaviria  ordenó la operación Centauro contra Casa Verde, centro del secretariado de las FARC-EP,  en la cuenca del río Duda – Guayabero en el departamento del Meta. En aquella época las FARC-EP pensaban que estaban a la ofensiva, y me imagino que veían posible una victoria , y no se incorporaron a las negociaciones realizadas entre el gobierno y el M19, el Quintín Lame, el PRT y más adelante con el EPL.   Nuestra generación, hombres y mujeres mayores de 50 y menores de 70 logramos superar la estupefacción del luctuoso y estremecedor acontecimiento de la toma y la retoma del Palacio de Justicia y esa desafortunada coincidencia con la avalancha que sepultó a Armero, que cayó como agua salada para el intenso dolor que sufríamos; de la imagen de las tanquetas destruyendo el Palacio de Justicia pasamos a tener en la pantalla chica el rostro de Omaira agonizando ante la impotencia de los rescatistas con toda su tecnología.

Recuperamos cierta emoción política cuando pudimos metérsela toda a esa asamblea constituyente que fue promovida por una juventud que quería renovar la participación política. El camino que transitaba la posible convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente era noticia diaria que seguíamos con ahínco, con expectación y esmero.  Y cuando se superaba algún escollo lo celebrábamos como una victoria.  Era nuestro salvavidas para el escepticismo y la desilusión en un país que siempre tocaba un fondo más profundo.  Esta expresión era inadecuada, pues cuando creíamos que tocábamos fondo, el fondo era más profundo…   hasta que por fin y gracias a esa juventud movilizada que se fue juntando derrumbando barreras ideológicas, políticas, sociales y culturales, se instituyó  un movimiento ciudadano imposible de detener.  Así lo comprendieron las cortes, los partidos, los gremios, el gobierno nacional.

El clima se hizo propicio a la constituyente y con entusiasmo nos dimos a la tarea electoral apoyando a la gente que dejaba las armas,  acogiéndoles, votándoles.  Qué esperanzador y reconfortante fue aquello en medio de la frustración,  el dolor y el miedo.   Las mujeres se reunieron e intentaron en un abrazo amoroso por la vida tener candidatas propias pero no fue posible en este momento; hubiese sido trascendental una mujer feminista elegida por las mujeres.  El ambientalismo se la jugó con una candidatura excepcional, Gustavo Wilches Chaux y uno de sus más entusiastas promotores fue el maestro Aníbal Patiño, quien, feliz, fue el más intenso activista.   Escribía en esa época unas palabras que tiene plena vigencia: “la conciencia ambiental, otrora propiedad de pequeños círculos de activistas sociales, se asoma pisando firme, aunque todavía sin la suficiente fuerza, a la plataforma política.  La presión de la problemática ambiental y de los movimientos sociales ha potenciado este proceso”.  Recordemos que en una maratónica campaña a nombre de la propuesta ambiental Gustavo Wilches Chaux y el maestro Aníbal Patiño, entre otros, sumaron 8008 votos  como candidatos a la asamblea nacional constituyente, lo que muestra una creciente opinión ciudadana sensibilizada y activa en el proceso de creación de una cultura ambiental en nuestro país. Las personas ambientalistas estuvimos haciendo cabildeo en ese escenario de diálogo y construcción de las bases de un nuevo país, de cara a los retos del nuevo milenio  y fue a través de algunos constituyentes, que inteligentemente comprendieron la dimensión de al tarea que teníamos entre manos, que la Constitución del 91 se pintó de verde.

Hoy volvemos a soñar con un país sin guerra.  Este país que se merece la paz para gozar de su biodiversidad, de su intensa belleza.  En el marco de esta gran deliberación que ha suscitado el fin de la confrontación armada entre el estado y las FARC-EP, debemos aprovechar para que la sociedad colombiana discuta asuntos trascendentales de su presente y su futuro como la conservación de la biodiversidad, del agua y los bienes comunes, como parte de la concreción de los acuerdos para una paz sostenible.

No podemos dejarnos distraer por quienes quieren llevar la discusión por los senderos inhóspitos de la intolerancia, la agresividad y la violencia contra las diversidades, el derecho a la diferencia, las alteridades, las disidencias.  Falacias que con frases mentirosas distraen y esconden la pretensión de continuar la guerra como escenario de despojo, acumulación y dominio.

Promueven una discusión contra la vida en democracia, es decir contra la convivencia, la solidaridad y el manejo adecuado de los conflictos, agenciada por las jerarquías eclesiásticas que predican una neutralidad imposible.  En medio de la convocatoria a la refrendación de los acuerdos de paz pretenden debates morales e ideológicos contra libertades fundamentales como la adopción por parejas del mismo sexo, contra la cual se impulsa un referendo por una señora pretendidamente liberal y ese partido no dice ni mu, o frente al aborto,  discusiones que son  aprovechada por movimientos políticos y personajes que les son afectos y ocupan importantes cargos de los que abusan convocando ilegales acciones contra los acuerdos jurídicos que hoy permiten que podamos afirmar que somos una nación, un país constitucionalmente laico.

En el país de la mega diversidad, en el que la vida fluye a borbotones, paradójicamente, se ha pavoneado la muerte por efecto de múltiples violencias: del enfrentamiento armado, del uso de las armas para despojar de tierras al campesinado y -que nos ha llevado a ser el país del desplazamiento más grande de su población rural y claro también urbana a otra escala- y en un continuum desplazamiento permanente de gentes que ni en la ciudad encuentran el sosiego de un lugar digno para habitar.

Brigitte LG Baptiste define la biodiversidad como “todas las expresiones biológicas en el territorio, todas las expresiones de vida que existen en el territorio.  Pueden ser micro organismos, flora, fauna, animales, plantas y su relación con el suelo, el agua y el espacio.”  Los seres humanos somos arte y parte de la biodiversidad, somos parte de la trama de la vida y no su centro, y la incomprensión de esta clara relación nos ha llevado al extravío y la irresponsabilidad.  A la intolerancia y la incapacidad de comprender que la diversidad es la manera de co -evolucionar y que así se ha hecho la vida.

Decir hoy si a la paz y no a la guerra es rechazar esa ideología dogmática que quiere hacer pasar por “natural” una sola forma de familia, la discriminación y sumisión de las mujeres y con supuestos argumentos científicos condenar al 10 por ciento de la población a una condición de anormalidad por sus perspectivas u orientaciones sexuales, de placer, gusto y erotismo.   Es decir si a la posibilidad de vivir en paz y a que se respete un marco jurídico en el cual puedan coexistir las más diversas formas de vida humana como lo ha sentenciado la Corte Constitucional.  El sueño con una sociedad incluyente, democrática, que resuelva sus conflictos de manera BIO_LENTA y no de manera violenta, se renueva en estos tiempos en los que de nuevo se moviliza la sociedad colombiana sacando lo mejor de sí, de su juventud, para decir no a la guerra y si a la vida.  La naturaleza ha sido víctima de la guerra y la codicia que en parte la explica y la financia.  La manera como nuestra población se ha situado en el territorio haciéndose vulnerable a la dinámica de los ecosistemas, se debe también al conflicto armado, al desplazamiento que les ha llevado a habitar orillas de ríos y quebradas, periferias urbanas  que las hacen comunidades en riesgo.  El extractivismo que se impone con los grandes monocultivos, la mega minería contaminante, las grandes vías y represas, han conducido a un poblamiento del territorio que refleja esas deudas de la guerra con la naturaleza, el territorio y los bienes naturales que podrían garantizar la existencia digna si se redirecciona el rumbo de nuestra sociedad hacia una sociedad sustentable y justa.

Imaginamos y con esperanza creemos con  Brigitte LG Baptiste que “el fin del conflicto armado significa el principio del conflicto hablado, la búsqueda de nuevos acuerdos para habitar y compartir uno de los territorios más biodiversos y ricos en aguas e historias del planeta, un vividero inigualable si aceptamos aplicar nuestro ingenio al disfrute colectivo y generoso que aún nos ofrece la naturaleza pese a lo mal que la hemos tratado hasta el momento”. El SI está de fiesta, votemos Si en el plebiscito por la permanencia de la vida en su diversidad.

Antropólogo y ambientalista.
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