La Zona Veredal de las FARC en Dabeiba: crónica de un viaje a los sueños de paz

En Antioquia se encuentran cuatro de las 26 Zonas Veredales de Transición acordadas para implementar en las negociaciones de La Habana: Remedios, Anorí, Ituango y Dabeiba. Según las últimas cifras, en estas zonas se encuentran agrupados cerca de 800 guerrilleros y en todo el país la cifra llega a 7.000. Esta es una crónica de un viaje a la Vereda LLanogrande, en el municipio de Dabeiba, donde se encuentra una de las Zonas Veredales de Transición de Antioquia y una comunidad campesina que espera que esta sea también una oportunidad para ellos y sus familias.

 

Era el pueblo más próspero del Occidente

Dabeiba se encuentra al Occidente de Antioquia a solo 183 kilómetros de Medellín y fue durante las décadas del 80 y 90 el municipio con mayor actividad comercial y económica de esta zona, después de Santa Fe de Antioquia. Personalmente vi, cuando era niño, como su plaza principal era un hervidero de gente, caballos y comercio de todo tipo. Allí iba de vacaciones con mi abuela a visitar a mi tío abuelo y a todos sus hijos a quienes yo llamaba primos. Pero todo esto acabó, el pueblo llegó a ser casi fantasma después de las dos tomas guerrilleras y del posterior control paramilitar que se sumó de manera descarnada a las cifras de muertes, masacres y desplazamientos.

 

Sólo hasta ahora regresé. La última vez que caminé por las calles del pueblo tenía 13 años y eso hace ya más de 20. Mis primos y familiares abandonaron durante un tiempo la casa y se fueron a Medellín, actualmente están de nuevo habitándola y haciendo los arreglos que estaban pendientes de muchos años atrás.

 

Paradójicamente la carretera al mar, como se le conoce, está en mejores condiciones en los municipios de Urabá que en los del Occidente, cercanos a Medellín. El paso de Antioquia a Cañasgordas se vuelve una trocha de casi 20 kilómetros y hace que el viaje sea más largo de lo que debería ser. Luego entre Cañasgordas y Uramita vuelve la carretera “despatada” (sic), las nubes de polvo en verano y el pantano en invierno.

 

En Dabeiba hace calor, en promedio 27º. Su geografía es bastante cerrada, las montañas de la cordillera occidental solo dejan espacios a pequeños valles junto a los ríos. En uno de estos, y al lado del Río Sucio, está ubicado el casco urbano que, sumado a los cuatro corregimientos y 117 veredas, componen un total de 1.883 km2, comparativamente tiene cinco veces el tamaño del municipio de Medellín, sin duda es un territorio muy extenso. La arquitectura del pueblo es más citadina que rural, aquí no son comunes las grandes casas de tapia, los balcones de madera o las construcciones coloniales típicas de Santa Fe de Antioquia, del oriente o suroeste antioqueño, se parece más bien a las típicas cuadras de barrios viejos de Medellín como Boston o Manrique. En total Dabeiba tiene cerca de 23.000 habitantes, menos de la mitad de los que se requieren para llenar el Estadio Atanasio Girardot.

 

Llanogrande

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(Caserío central de la Vereda LLanogrande).

 

Llegar hasta la Vereda Llanogrande nos tomó en vehículo unos 45 minutos. La carretera sale del pueblo bordeando en su primer trayecto, el Río Sucio antes de iniciar el ascenso pegados de la montaña, en medio de peñascos. Me dijeron que la habían arreglado recientemente y entonces esperaba que, en algún momento, viéramos el asfalto y desapareciera el polvo, pero el arreglo consistió en solo hacerla transitable, antes no era posible usarla para llegar en vehículo hasta la vereda. “No se abra para darle paso a nadie y esté siempre pegado a la izquierda”, le recomendaba constantemente uno de nuestros acompañantes al conductor.

 

Luego de una alta pendiente y una curva se nos muestra, finalmente, Llanogrande. Parece increíble que en medio de un paisaje tan hermoso, de tantos tonos de verde, de pequeñas casas que simulan perfectamente un paisaje suizo, hubiera sido al mismo tiempo un lugar para historias de terror, bombardeos, muertes, desplazamientos.

 

En la mitad del llano se encuentran la mayoría de viviendas, la escuela, una pequeña cancha y el billar. Más adelante, en la parte superior está el campamento de los integrantes del mecanismo tripartito: Gobierno, Naciones Unidas y FARC. En total unas 35 personas, además de un campamento del ejército. En la parte inferior de la vía, a unos 300 metros, se encuentra la Zona Veredal de Transición, o por lo menos el lote que está en obra y los cambuches y carpas armadas por los guerrilleros que ya han llegado para iniciar el proceso de dejación de armas.

 

Una comunidad que no pide más que lo básico

Don Gonzalo David Úsuga, es el presidente de la Junta de Acción Comunal de la Vereda Llanogrande. Es un hombre pequeño de contextura delgada con la piel quemada por el sol y de manos gruesas y agrietadas, como las de todo trabajador del campo. Fue la primera persona en llegar a la reunión, en la pequeña escuela de la vereda que solo cuenta con dos salones, baños y el cuarto para el profesor que funciona ahora como cocina. La de LLanogrande es otra de las escuelas que no ha empezado clases en el departamento.

 

La reunión fue citada a las cinco de la tarde a la cual, a pesar de ser  “día de mercado”, fueron llegando los campesinos muy puntualmente. En LLanogrande hay un total de 45 familias y cerca de 250 habitantes. Es una zona de mediana altura que tiene como fondo los límites con el Nudo del Paramillo, una inmensa zona selvática que ha sido territorio de las FARC. Sus habitantes viven principalmente del café, los sembrados de maracuyá, el frijol, algo de ganado y los cultivos de pan coger.

 

Los campesinos se ubicaron en las pocas sillas del salón y otro tanto prefirió no entrar y participar de la reunión desde las ventanas que dan al corredor, construidas en forma de barrotes y sin vidrios que permiten ver muy bien hacia adentro.

 

Don Gonzalo habla poco y es muy puntual en sus intervenciones, y esto dijo cuando le preguntamos sobre cómo estaba la comunidad con la instalación allí de una Zona Veredal:

 

Gonzalo: “Hasta este momento todo está muy bien, no ha habido ningún inconveniente, pero necesitamos acompañamiento en proyectos y para que estemos comunicando todo lo que va avanzando acá. Todo lo prometido deberá quedar terminado, porque si algo no se termina ya luego menos que lo harán. Porque hay gente que no quiere saber nada de esto”.

 

Tiene claro don Gonzalo que los tiempos son cortos y aunque ahora hay un interés por su comunidad, puede perderse una vez se cumpla el ciclo de 180 días previsto para las zonas veredales transitorias de normalización.

 

Otro de los campesinos asistentes dice: “Hasta ahora todo ha estado muy bien, en paz. Pero es que nosotros ya sabemos por experiencia que desde que haya un solo grupo no hay problemas, sea el ejército, la guerrilla o los paramilitares. El problema es cuando hay disputas y enfrentamientos por el control del territorio y eso es lo que nos preocupa que pueda pasar una vez finalice este proceso”.

 

Las expectativas y solicitudes que los campesinos de esta vereda nos plantearon durante la reunión no fueron muy ambiciosas ni extraordinarias, fueron sólo lo básico que cualquier comunidad debería tener en un país medianamente justo, medianamente desarrollado: el servicio de energía eléctrica para todas las viviendas y veredas de la zona, un mejor servicio de salud en el hospital del pueblo, una mejor y más completa escuela que también ofrezca bachillerato, oportunidades para que sus jóvenes puedan ingresar a la universidad, créditos blandos o subsidios para poder trabajar sus tierras, sistemas de mercado para que los intermediarios no se queden con las mayores ganancias por la venta de sus productos. “Al pueblo llevamos nuestro frijol y los compradores nos lo pagan a $ 2.000 el kilo, pero ahí mismo ellos lo venden a $4.300. Eso no es justo con nosotros. El kilo de maracuyá nos ha tocado venderlo hasta a $600 pesos”.

 

Además les preocupa la seguridad una vez se vaya el Estado y se desmonte el campamento. Quieren vivir en paz y que el Estado garantice allí el monopolio de las armas y que no se vuelvan nunca a presentar situaciones de riesgo para sus habitantes. Todas estas son solicitudes tan sencillas, reales y básicas que no requieren realmente de inversiones inmensas para ser resueltas, sólo de un interés político por permitir a estas comunidades superar las condiciones de exclusión en las que han vivido desde siempre y dignificar sus condiciones de vida, pero sólo eso porque estas personas son más dignas que muchas personas que lo tienen todo a la mano.

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(Vista panorámica de la Zona Veredal de Transición en obra. Vereda LLanogrande)

 

La entrevista con las FARC

Ezequiel fue quien nos recibió, le faltan sus dos manos. Sus extremidades superiores terminaban un poco más abajo de la mitad del antebrazo. Nos saludó con timidez, pero con amabilidad, mientras nos daba la bienvenida. No estaba seguro si sería prudente extenderle mi mano para saludarlo, pero cuando estábamos más cerca fue él quien nos ofreció su antebrazo, terminado en nudillo, y nos saludó a todos. Fue extraño pero a la vez reparador, poder apretarle su antebrazo con la misma cortesía que se hace como si allí estuvieran todos sus dedos.

 

La reunión se había concretado para muy temprano, siete de la mañana, así que una comisión con camisetas blancas marcadas con “recepción”, nos ofreció pronto café, y seguidamente, sin preguntarnos, nos llevaron desayuno. “Coman que está muy temprano y él los espera a que ustedes desayunen”, dijo Ezequiel, refiriéndose a Fabián Ramírez, con quien sería la reunión. Entre todos nos miramos, era claro que no queríamos “molestar”, pero ofrecernos de su alimento era un gesto muy amable que tomamos con toda gratitud.

 

La zona de recepción estaba constituida por dos carpas blancas de 2×2 metros y una más pequeña al lado, cerrada, donde estaba el equipo de recepción y donde estaban alimentos, agua, utensilios de cocina y otros elementos para recibir a los visitantes, que, al parecer, eran poco frecuentes.

 

Al instante nos dijeron que podíamos pasar al lugar de la reunión. Era en otra carpa, ubicada justo donde terminaba la cancha, detrás del arco occidental y junto a algunas tiendas de campaña. La carpa abierta, con excepción del lado que daba al sol de la mañana, estaba acondicionada con dos mesas grandes plásticas, sillas para unas 10 personas y un computador.

 

Allí nos estaban esperando Fabián Ramírez, Darlington Castillo y Mahomar Gadafi.

 

Fabián Ramírez tomó la palabra y nos dio la bienvenida al campamento. “Muchas gracias por venir hasta acá. Mi nombre de combatiente es Fabián Ramírez, obviamente ese no es mi nombre real, pero ahora después de 35 años y logrados los acuerdos de paz, lo denoto con más convicción para que me siga identificando”.

 

Le contamos sobre nuestro interés de saber directamente de ellos sobre el avance de la implementación de los acuerdos y sobre el avance en las condiciones logísticas en la zona veredal. (Zona Veredal Transitoria de Normalización).

 

¿Cómo va el avance en la implementación de los acuerdos?

 

Fabián Ramírez: “Nosotros debemos mantener un prudente optimismo frente a todos los inconvenientes presentados hasta el momento en la adecuación de las zonas veredales y en general frente al proceso. Un discurso negativo de nuestra parte puede ser usado para descalificar los acuerdos por parte de sus enemigos y puede afectar todo el proceso. Esa es la orientación de nuestros superiores y esa es la posición que seguimos. Hablando de implementación aún no hay nada, a la gente le dan la idea de que comenzó la implementación, pero hasta el momento solo hay talanqueras como dicen ustedes los antioqueños. Por ejemplo los presos de las FARC deberían estar ya en las zonas veredales y apenas el día de ayer (18/02/2017) se reglamentó la Ley de Indulto”.

 

“No entendemos muy bien porqué hay tanta dilatación para que el proceso avance en este momento por parte del gobierno, pero podríamos pensar que, tal vez, la intención es dejar la implementación para el próximo gobierno. Santos lo único que quiere ahora es la dejación de armas y creemos que se busca dilatarla para evitar nuestra participación política”.

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(Aunque las zonas veredales debían estar listas en diciembre de 2016, estas son las dos construcciones que presentan mayor avance y corresponde a la cocina y comedor)

 

¿Cómo van las adecuaciones del campamento?

F.R: “Nosotros aceptamos movilizarnos en el mes de diciembre hacia las zonas veredales aún sabiendo que no estaban listas y como una muestra de que estábamos decididos a respaldar los acuerdos y dejar las armas, pero ya vamos en el día 79 y las obras no llegan a un 10% de avance. Al ritmo que vamos se van tomar por lo menos dos meses más. Yo lo sé porque hago parte de la Comisión Tripartita y soy la persona encargada de acompañar al contratista en el desarrollo de las obras.

 

Los guerrilleros han armado sus propios dormitorios, porque aún no hay nada listo propiamente del campamento. Por eso nos gusta que estén aquí para que ustedes mismos vean el estado de todo y puedan contarlo”.

 

Según informes del gobierno nacional las obras de los 26 campamentos del país van en un 80% de avance en promedio, una cifra muy por encima lo que ocurre por lo menos en Dabeiba y que demuestra el gran atraso del proceso. Frente a esta situación el Estado Mayor de las FARC, solicitó mediante un comunicado enviado al jefe de la Misión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Jean Arnautl, que se aplace la fecha dispuesta para la entrega de armas, prevista para el próximo 1 de marzo.

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(Cambuches hechos para la guerrilla cerca a las obras en ejecución. Actualmente albergan a 250 combatientes)

 

¿Cuántos guerrilleros hay en este momento en el campamento?

F.R: “Actualmente están aquí ubicados 250 combatientes del Frente 5º de las FARC y de la Columna Iván Ríos, entre los cuales hay cerca de 70 mujeres. Pero se espera que la cifra total llegue a 500 aproximadamente, pues aún faltan otros combatientes y además de los guerrilleros que están presos y esperan la amnistía”.

 

También en el campamento hay ocho mujeres combatientes que están en proceso de gestación o son lactantes y que comparten dos pequeñas habitaciones que son la única construcción que se encuentra en pie.

 

En total se planea construir, según Ramírez, cerca de 6.000 Mts2 para instalar los dormitorios, servicios, salones y zonas comunes para albergar a los guerrilleros, pero de todas las áreas sólo hay un avance significativo en dos construcciones: el comedor y cocina y el salón para entretenimiento. Las obras son construcciones livianas de un solo nivel con techos en asbesto cemento y paredes en superboard. En las demás áreas solo hay avance en la adecuación de los terrenos.

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(Las dos habitaciones blancas  son los únicos espacios entregados y están actualmente asignadas a ocho madres gestantes y lactantes con sus pequeños).

 

¿Cómo ha sido la relación con los medios de comunicación?

F.V: “Hay una orientación para que no tengamos contacto con personas externas y los medios que quieran escucharnos y contar lo que pasa aquí van a encontrar censura con el mecanismo.  Sabemos que la ética de los periodistas no es la ética de los medios. Los periodistas y los medios solo reflejan los intereses de los dueños de los medios. Así que cuando viene alguno acá nosotros le decimos: esa es la verdad y nuestra posición pero sabemos que usted no es libre de plantearla, así que usted tendrá que definir si la publica y se hace echar o si conserva su empleo y plantea la orientación de su medio”.

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(las obras principalmente se encuentran en la fase de adecuación de los terrenos, son construcciones livianas de un piso, por lo cual solo requieren de losas)

 

La preocupación por el paramilitarismo

Según Fabián Ramírez todas las zonas que han abandonado han sido copadas por el paramilitarismo: “zonas como Cacarica y San José de Apartadó están siendo emplazadas (sic) y se puede presentar un desplazamiento masivo en San José de Apartadó”.

 

“Los paramilitares están en zonas a pocos kilómetros de la policía y del ejército, pero dicen que no saben nada, aunque toda la comunidad lo sabe”, afirma Mahomar Gadafi y agrega: “ A las selvas donde nosotros estábamos y que son zonas remotas si llegaban los aviones y las bombas del ejército, pero los paramilitares están a un par de kilómetros de las bases militares ¿por qué no los combaten? El paramilitarismo ha sido una concesión del estado, eso no será fácil desmontarlo. Hay que empezar”.

 

La hija de presidente

Una vez se terminó la reunión con los campesinos en la escuela, me acerqué a don Gonzalo, estaba con sus dos hijas, una pequeña de unos doce años y Natalia, tal vez, de 25. La mayor me preguntó: ¿Es muy costoso estudiar en la universidad? Le respondí que dependiendo en cual, si era pública o privada. Le dije que si pasaba, por ejemplo, a la UdeA tendría que pagar muy poco o casi nada por ser campesina. Me dijo: “Ese es un lugar muy bonito. Yo me gradué allá de bachiller, allá en un auditorio muy grande. Ese día fue muy especial. Recuerdo que mi papá tenía mucho calor porque le dije que tenía que ir de saco elegante y que no se lo podía quitar o no lo dejaban entrar”. Sonreía mientras miraba con mucho amor a don Gonzalo quien se sonrojó y también reía.

 

“Yo sueño con estudiar allá. Yo hice una técnica en administración y me gustaría mucho estudiar algo relacionado, por ejemplo administración de empresas o contabilidad”. Le brillaban los ojos cuando hablaba de ese sueño. Aunque se bien lo difícil que es obtener un cupo en una universidad pública, la animé y le dije: “Si de verdad quieres estudiar allá no te desanimes, simplemente prepárate muy bien para el examen de admisión, muchos se presentan pero no se preparan y creen que eso es suerte, pero no es así. Si tú te preparas muy bien, seguro puedes pasar. Luego me preguntó: “¿cuántas veces se puede presentar uno si no pasa la primera?”. Le dije: Te puedes presentar las veces que quieras, ¡incluso mil!”.

 

Los sueños de Natalia, son, en alguna medida, una pequeña muestra de los sueños de esta vereda, de estos campesinos que la han habitado, sufrido y amado por tantos años. Son sueños que aunque tan justos y básicos, no son fáciles de cumplir, pero también sabemos que lo mínimo que podemos hacer es no negarles la posibilidad de soñarlos y animarlos y acompañarlos a que se cumplan. Tal vez la voluntad que se esconde en esos ojos que brillan, es lo único que se necesita para hacerlos realidad.

Comunicador social-periodista
Docente universitario
Persigo la utopía porque me hace caminar
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