Matar la esperanza

 

¿Porqué asesinan líderes sociales en Colombia? ¿Quién los asesina? En Colombia es tradición  eliminar a los contrarios políticos, a los que representan amenazas a los intereses particulares, a los que denuncian corrupción y atropellos, a los que aspiran cambios culturales que sectores conservadores de la sociedad no admiten.

 

Matar liberales o expulsarlos, matar comunistas o desaparecerlos, matar homosexuales o excluirlos, matar campesinos o desplazarlos, matar artistas incómodos o silenciarlos, matar defensores de derechos humanos o exiliarlos, matar periodistas independientes o despedirlos, matar líderes ambientales o neutralizarlos, matar a la oposición que denuncia corrupción, es una tradición en Colombia, un modus operandi naturalizado. Antes de matarlos y agredirlos, han construido sobre ellos la imagen de “enemigo” para que la sociedad justifique el crimen: los han presentado como guerrilleros, comunistas, castrochavistas, terroristas, ateos, enfermos, para que un sector mayoritario los perciba como amenaza, se insensibilice frente a su muerte, desaparición, exilio, e incluso tenga la sensación de haberse librado de un mal.

 

Y es que es inevitable asociar la muerte de líderes sociales a factores políticos. Aunque hay asesinatos de líderes sociales de todas las tendencias políticas, todo parece indicar que la mayoría se concentran en los sectores de izquierda, manteniendo la tendencia histórica, el modus operandi que dio como resultado el exterminio de la Unión Patriótica. Ni los LGTBI, ni los comunistas, ni los campesinos que luchan por recuperar las tierras despojadas en su mayoría por ganaderos paramilitares, ni los académicos críticos, ni la mayoría de los ambientalistas defensores del agua y la tierra, se sienten identificados con los sectores políticos de derecha que históricamente han gobernado a Colombia, que son dueños del poder económico y político desde siempre; los responsables de que Colombia sea uno de los países más desiguales del planeta, contrapartes en el conflicto armado interno.

 

Espero que la verdad, el esclarecimiento histórico al que tanto le temen políticos, empresarios y militares, ponga en evidencia lo que creo que siempre ha pasado: que un sector poderoso de la sociedad ha usado la muerte de los líderes sociales para atajar los cambios que reclaman y aspiran, para proteger sus privilegios y para hacerlo han conjuntado poder económico, poder político, poder militar, poder mediático y propaganda, con el propósito de evitar y aplazar cambios culturales y reformas institucionales que permitan el tránsito de la moral cristiana al Estado Social y de Derecho, para negar garantías democráticas a la oposición de izquierda, para evitar que se reforme la matriz de la propiedad de la tierra, para eliminar barreras a la extracción los recursos naturales y minerales, etc. Espero que la verdad evidencie este patrón, más allá de las responsabilidades individuales; ese es el poder de la verdad y por eso el miedo a sus resultados, ese es el poder de la verdad y por eso mi esperanza en sus resultados, porque podría ser claro por fin, quiénes y porqué asesinan a los líderes sociales.

 

 

Master en Ordenación y Gestión del Desarrollo de la Universidad de Sevilla. Columnista de Inforiente, participante de Conciudadanía.
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